Bélgica 2-2 Costa de Marfil

WPT 060314

 

“Lo hacemos difícil para nosotros mismos por negligencia”– Marc Wilmots, tras el resultado final.

Estoy parcialmente de acuerdo. Los que siguieron el partido a través de nuestra cuenta de Twitter pueden testificar que, a falta de 10 minutos, avise sobre el “factor Almeyda”.

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Más allá del chiste, y más allá de bancar a Matías, la premonición no fue casual. Pasó con Colombia, pasó con Japón. Hay una faceta del juego belga que es superlativa a la de un gran número de las naciones que vamos a ver en el Mundial. El juego colectivo, la posesión asociada, el relevo de los laterales. Bélgica en ataque muestra una formula simple que produce llegadas. De menor a mayor claridad, siempre. Vertonghen pasó al ataque por izquierda, desbordó y la envió al área en no menos de cinco ocasiones. Con cada subida del central ya lateral izquierdo, el foco del conjunto belga sobre el arco rival fue cada vez más claro.

En medio de esa progresión, el gol tempranero de Fellaini no desvió al conjunto del objetivo. Las llegadas se acumularon, el control de la pelota fue claro y ante la falta del esférico, el repliegue fue efectivo y dio oportunidad al contraataque, arma letal de Wilmots. El esquema de fútbol híbrido entre ataque con 8 jugadores, contención de a 4 y repliegue con 10 funciona. Pero no funciona 90 minutos.

Porque Bélgica, en su cruzada por volver a jugar el fútbol lindo y efectivo que le gusta a la gente no sabe “jugar a nada”. Esto no significa lo que uno lee, ni se contrapone con la bandera que venimos levantando hace dos años. La selección no sabe desperdiciar tiempo. No entiende la posesión inerte de la pelota. No detiene el reloj de juego con sus tres hábiles mediocampistas centrales. Sea Fellaini-Witsel-De Bruyne o Nainggolan-Dembélé-Defour, el resultado es el mismo. A la hora de estirar la pelota como si quedara un culo de Fernet y 4 hielos para 3 personas, Bélgica hace agua, o Fernet aguado, en este caso. Pareciera que el discurso de Wilmots de tratar bien el balón, jugar a no más de dos toques hasta llegar al cuarto final, no habilita recursos futbolísticos tan básicos como el “fulbito intrascendente”.

El partido de ayer se hubiera ganado si la línea del fondo entendiera el reviente como algo no solo válido, sino necesario. Kompany, Alderweireld, Vertonghen, Vermaelen y Lombaerts, en menor medida, tiene un pie delicado. No es frecuente en ellos la violencia desmedida, el corte desde el piso, y mucho menos la división de la pelota. El fútbol es por abajo, viejo, la diferencia la marcamos ahí.

Correcto. Pero no en cada jugada de los 90 minutos de un partido de fútbol. Menos si ese partido es por los Octavos de Final de un copa del mundo, con el resultado a favor. A esa negligencia se refiere Wilmots.

El técnico se mostró satisfecho, lo cual en muchos resuena a megalomania. Esa lectura es errónea. Wilmots, y Bélgica tienen de que estar contentos. Fellaini, tras un horrible primer semestre en Manchester United, lesiones y una cirugía, jugó 45 minutos de excelencia. En cada salida se retrasó hasta la línea de centrales para formar triangulos receptivos con ellos y los laterales. Fue el medio toque necesario para la transición de ataque a defensa. Llevó la pelota del campo A al campo B, siempre. Ademas, cuando las jugadas decantaban por la banda, encontró siempre el hueco en el área rival. Si los cruces hubiesen llegado a destino, Fella sería el goleador del equipo. Una característica muy similar a la mayor inteligencia ofensiva de Esteban Cambiasso. ¿Llegará en plenitud física a Brasil?

Vertonghen, tras su paso por la oficina del doctor, volvió revisto de confianza. Fue la salida predilecta del equipo, por proyección, control y criterio. Ya se recibió de lateral, casi extremo. Por más que Mertens y Mirallas alternaron la mediapunta, con la inclusión en el ataque de Jan, se ven relegados a jugar de interiores. Y el fútbol moderno pide a gritos el juego de interiores. Que tu lateral izquierdo viva llegando al cuarto final y nunca quede expuesto en el plano defensivo es un logro. Si tan solo pudiéramos replicarlo en la banda derecha, daríamos miedo.

Mertens confirmó sus últimos tres meses en Napoli. El supersuplente merece un puesto. Es explosión, llegada y una preocupación para la defensa contraria. No solo eso, su inclusión en el once obliga a Wilmots a jugar a De Bruyne en el medio. Y Kevin está con todo. Wolfsburgo le sienta bien. En un mes ya recuperó su estado, jugando los 90 minutos como armador. Le falta contacto directo con la pelota, pero eso lo va a conseguir con el correr de la Bundesliga. Donde El Mágico grite “gol” por primera vez en la temporada va a tener abierto el arco con la selección.

Mirallas no pudo ratificar su gran nivel en Everton, pero un partido no es suficiente prueba. Estando a menos de 100 días del mundial, va a tener que ganarse el puesto en cada fin de semana, ratificarlo en los entrenamientos y jugar cada amistoso como una final. Puede, y puede aportar mucha desfachatez al equipo.

Para preocuparse está el hablado plano de contención. La falta de cohesión defensiva es razonable en el marco de un amistoso donde se permite modificar tanto al equipo en el segundo tiempo. Más preocupante aún resulta la falla de cara al arco contrario. Se genera, y no se concreta. Benteke fue una pobre víctima del campo de juego, errando un gol imposible para un jugador como el. Sin embargo, las ocasiones se acumularon en el arco marfileño pero no en la red.

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Hazard entró el tiempo pactado por Wilmots, desbordó y ligó de lo lindo. En europa, por eliminatorias, ya pasó. Eden nunca usa sus recursos en vano, pero usa recursos de más. Viendo al Chelsea, ya estamos acostumbrados a ver centros y asistencias de Rabona. En la B Metro, por menos de eso te bajan dos dientes. En un Mundial, contra un equipo africano el rigor se siente. A las tres gambetas Eden se fue golpeado. Es tarea de Wilmots explicarle a Eden el “acá si, acá no”.

Vanden Borre fue un llamado raro y quedó en evidencia a la hora de atacar. Esa hora no le llegó nunca. Hoy, el mejor lateral derecho que tenemos no juega en su equipo. La situación de Alderweireld es la única realmente preocupante para el esquema del equipo. Pasó un mercado de pases y Toby sigue anclado en Madrid. Veremos hasta que punto el trabajo de preparación física de Wilmots funciona. El Mundial es un mes, Rocky se entrenaba en ese tiempo.

Faltan 98 días para la cita máxima, ¿cuál es el panorama? Bueno. Los resultados no importan. Importa el trabajo, y el mismo se ve. Si Bélgica vuelve a perder un resultado favorable en su próximo amistoso, si volvemos a fallar el 70% de las ocasiones generadas, y si no aprendemos el preciso timming del reviente, este Mundial está perdido. Pero sobra talento, y, ¿sabes qué? En Wilmots confiamos.

Por Fede Praml @Tuitbol

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5 comentarios en “Bélgica 2-2 Costa de Marfil

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