Royal Union Saint Gilloise

GILLOISE

 

Por Irati Prat (@Iratipdp21)

La estación de Stockel es diferente a cualquiera en el mundo. Para empezar, está situada en una especia de galería comercial y, una vez dentro, te da la impresión de haber entrado en un cómic de Tintín pues sus aventuras cubren las paredes de ambos andenes. Recortes gigantes de cartón perfectamente coloreados convierten la fría parada de metro en un lugar que por un instante se hace acogedor. Poco a poco, conforme llegas al centro de Bruselas, parada a parada, las estaciones, de forma salteada, pierden el glamour del que puede alardear Stockel. Más de una está aún con las paredes cementadas y los aperos de construcción allí mismo. Bajé en Gare Centrale, una de las principales estaciones de Bruselas y aquí me llevé una segunda sorpresa al ver que era innecesario comprar billete para entrar en esta estación pues no tiene tornos. Una de las estaciones de metro más usadas de Bruselas no tiene tornos. Impensable en Madrid. Desde allí se podía ir andando hasta la Grand Place, una de las plazas más bonitas del mundo, suposición que se comprueba empíricamente una vez que estás allí. Para entonces ya llovía en Bruselas y el viento arreciaba. Bélgica volvía a ser Bélgica tras quitarse el disfraz con el que me había recibido. Al sur de la Grand Place está el barrio de Saint Gilles y el Dudenpark, uno de los más grandes de la ciudad. Dentro de él encontramos el Joseph Merienstadion, el estadio que acoge desde los años 20 al Royal Union Saint Gilloise.

Con la décima matrícula más antigua del fútbol belga y una de las direcciones más jóvenes del fútbol mundial, el Royal Union Saint Gilloise comenzó a competir en 1898. Si, un grupo de jóvenes decidió crear este equipo en el barrio de Saint Gilloise y cuentan los libros que replicaron las campanas de la iglesia del barrio el 1 de noviembre de 1897, el día que se decidió llevar a cabo su creación. Su primer presidente fue Aldred Lombaert, 18 años; su primer secretario fue Paul Gomrée, 18 años; su primer tesorero fue Eugéne Lobaert, un año mayor que su hermano Alfred, 19; y el capitán del equipo fue Gustave Vanderstapen, con tan solo 15 años. En un café de la avenida Paul Dejaer nació este proyecto que parecía una locura por aquel entonces. Allí se decidió que los colores del equipo serían el blanco y el negro, siendo cambiados tan solo un año después por los actuales, amarillo y azul, para competir en partidos oficiales.

Pero la historia del Union Saint Gillloise no siempre estuvo bañada de gloria y triunfos, sus comienzos fueron duros y rudimentarios llegando a un punto en el que su presupuesto no les daba para tener material deportivo suficiente y tenían que recurrir a la generosidad del vecino Racing Club de Bruselas, que les cedía los balones que ya habían usado y desgastado. De esta forma, con balones usados y un campo que después pasaría a ser uno de los tantos edificios gubernamentales de Bruselas acabaron perfeccionando su técnica hasta llegar al punto de ascender a la máxima categoría y batir sobre el césped al Racing.

El Royal Union Saint Gilloise se inició en la segunda división del país, donde permaneció hasta 1901, año en el que, por primera vez, ascendió a la máxima categoría. Desde el primer momento se postuló como un equipo grande, como el principal rival del Daring Club de Bruselas, que era el equipo grande de la capital por aquel entonces. Tuvieron que pasar tres temporadas para que el Union se alzase con el trono del fútbol belga, lo hizo con un apabullante 12-0 en el partido que decidía el título. De esta forma se ganaron el respeto de toda la ciudad y empezaron a funcionar como un verdadero club, con un organigrama profesional. Esta victoria no solo tuvo repercusión a nivel local, también el seleccionador belga se fijó en el equipo bruseliense. En el Vivier d’Oie se jugaría el primer Bélgica – Francia de la historia y el técnico belga buscaba jugadores para su combinado, llamó a siete jugadores del Union para aquel partido.

Ganaría siete campeonatos de liga antes de que la competición se viese paralizada por la I Guerra Mundial. Pese a estar los jugadores del Union luchando por librar a Bélgica de la invasión vecina, el club pudo hacerse con los ‘Torneos de la Caridad’ que se disputaban en el país de forma extraoficial. La década de los 20 fue una década difícil para el club, una que, sin embargo, comenzó con la celebración de los Juegos Olímpicos de Amberes donde Bélgica se alzó con el oro ante una Checoslovaquia que se retiró del campeonato debido a la irrupción de tropas belgas en la grada del Estadio Olímpico de Amberes. Además, en aquellas Olimpiadas jugaron cinco miembros de la por entonces plantilla del Union y Coppee anotó el primer tanto de la final.

Aquella crisis institucional se prolongaría hasta 1931, cuando el Union estaría a punto de descender y solo el ‘’goal-average’’ le permitió permanecer aquella temporada en primera división. Fue dos temporadas después cuando comenzó algo que quedaría marcado en mayúsculas en todos los libros de historia futbolística, la leyenda Unión 60. El 25 de diciembre de 1932 recibían en casa al Beerschot, el día de Navidad, y cayeron derrotados. La decepción fue tremenda y los dirigentes tuvieron una charla con los jugadores, estos les prometieron que no volverían a perder en lo que restaba de temporada. Vaya que si cumplirían su promesa. Aquella racha imbatible comenzó un 8 de enero de 1933, con un 2-2 ante el Lierse, a la vuelta de las vacaciones de Navidad. Poco después, moriría Joseph Marien, el presidente del Royal Union Saint Gilloise, y el fútbol en Bélgica, al completo, se paralizó para rendirle homenaje. Además, el estadio del club lleva hoy su nombre, a modo de tributo. Desde entonces y pese a este trágico suceso, el equipo capitalino permaneció imbatido hasta el 19 de febrero de 1935, día que se perdió 2-0 con el Daring en el derbi de Bruselas, pasaron sesenta partidos en los que el Saint Gilloise no conoció la derrota. Obviamente fue campeón de aquellas tres temporadas y estableció un récord de imbatibilidad (en total fueron dos años, un mes y quince días) en el fútbol belga que aún sigue vigente.  El autor del ‘’libro de oro’’ del club, impreso en 1935, acaba su obra diciendo que serían muchos más campeonatos los que cosecharía el RUSG. Pues bien, aquel de 1935 fue el último, a partir de entonces comenzaría una era de declive, donde los descensos y los ascensos se sucederían. Una era de declive que lo ha llevado hasta la tercera división belga, donde se encuentra hoy. Un histórico deambulando, otro más…

 

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