No es sorpresa

Ganó Bélgica y no es sorpresa.

#BélgicaNoEsSorpresa hubiera tenido su fama el día de hoy si los rabiosos deseos argentinos se hubieran cumplido.

Está generalización, claro, es una leída de twitter en los momentos donde Bélgica perdía 1-0 tras el penal cometido por Vertonghen. Tras dos años de escuchar el rumor de “Bélgica puede dar la sorpresa en Brasil”, mucha gente parecía obtener una satisfacción al ver que su decisión de no prestarle oído al rumor belga que sintió durante dos años fue correcta.

“Yo no te dije quién viene laburando bien, pero vos estás equivocado”.

Bélgica es puro verso.

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Bélgica no toma la iniciativa, no tiene cambios de ritmo.

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Lento e intrascendente.

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Que juegue en un grande no lo hace un grande.

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Se borran, son gallinas.

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Y uno resiste. Pero se muerde la lengua.

Porque el partido que ve una persona que si vio a Bélgica en las eliminatorias es otro.

Se ven los indicios, se ven las trampas. Se entiende que esa “lentitud” o “timidez” es paciencia. Necesaria para desarmar al rival. Que en 45 minutos, lo único que se vio de Bélgica fue la posesión inerte, la espera inicial y el cerrojo en cancha contraria, ejecutado por menos de 10 minutos.

Uno ve ese 0-1 ante Argelia, repasa los errores cometidos y entiende que esto no se terminó. Porque los errores conceptuales del primer tiempo de Wilmots fueron su apuesta. Pero Marc sabe cambiar a tiempo.

De Bruyne inició el primer tiempo como extremo derecho, dejando a Chadli como interior retrasado. Uno entiende que la intención del DT es tener al mejor tomador de decisiones en la posición final, facilitarle la tarea mediante la cercanía al área contraria. Pero eso no funcionó. De Bruyne entiende el juego con pausas, con espacios y varios metros más atrás.

Dembélé fue el mejor en los entrenamientos belgas y Fellaini decepcionó. El ingreso de Moussa fue una apuesta con bases, pero el mediocampista no se encontró.

Sin embargo, Witsel resistió todo en el medio y tomó la lanza en varias oportunidades que podrían haber terminado en gol, fruto puro de su esfuerzo individual.

Antes de iniciar el entretiempo, los más cercanos al estadio avisaban que un asistente del cuerpo técnico estaba al costado de la cancha hablando con Mertens. Listo, fin de la historia.

Wilmots sacó a Chadli y retrasó a De Bruyne, puso al jugador más caótico del plantel a jugar 45 minutos. Pero el fútbol seguía tímido. Entonces, le tocó a Lukaku, quién sufrió mucho en su tarea de falso nueve debido a la falta de abastecimiento. Origi entró, también como una apuesta a la velocidad.

El cambio necesario era Fellaini. La pieza faltante para darle balance al medio y sumar una segunda alternativa ofensiva con cada ataque en el que pisaba el área. Con Origi en el área y Fella entrando, los ejecutantes pueden decidirse por el pase al piso o el centro fuerte.

De Bruyne, en el empate, mostró su faceta riquelmeana. Espacios, tiempo y la decisión correcta. Un Quarterback en acción. La jugada es un tiro libre en movimiento. Pelota parada en acción.

A Mertens no le decimos “el super-suplente” porque no se nos ocurrió nada mejor. Dries, entrando desde el banco, te revoluciona un partido. Y siempre que lo necesitas, está.

Parrafo aparte, sin desviarme del principio original, para la maestría de Hazard en la ejecución de la jugada. Mertens solo tiene que correr e impactar. Dries, encima, se lo toma personal. Se planta. No está TAN loco como Mirallas, a quién esperamos que vean jugar el próximo partido, pero por ahí anda. Le tocaron el orgullo, y el quiso dejar en clásico que la de Bélgica es posta.

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Y los que estábamos del otro lado metíamos RT malaleche. Faveavamos a mansalva. Buscábamos perlitas de esa amarga lectura de un primer tiempo. En 45 minutos nos querían tirar abajo algo que nosotros conocíamos en plenitud. Algo de lo que hablamos, e insistimos, pero nadie quiere escuchar.

Porque Bélgica es la que se viene. Quizás no hoy. Posiblemente en la EURO 16. Seguramente en Rusia 2018.

Esto no es un buen equipo. Me retracto, claro que lo es. Pero nosotros no hablamos de un equipo acá. Hablamos de un imperio.

Una fábrica de talento donde todo funciona y seguirá funcionando y mejorando con los posibles éxitos del combinado mayor.

No miren al sub 21, al 2ub 19. No me den números del sub 16. Son la escuela formativa. Todos juegan a lo mismos. A esos jugadores no los preparan para la división en la que militan. Los forman para lo que la mayor va a necesitar.

Como un nuevo Kompany. Un futuro Fellaini. Un par de Defours que acompañen a los nuevos Hazards.

Y te lo contamos porque si ellos pueden, nosotros también. Solo hay que proponerse hacer las cosas bien.

Estamos trabajando, en Waffles para Todos, en la traducción del plan maestro belga, Growing Belgian Football. Nuestra intención es ponerlo en disponibilidad de todos y llevarlo al ministerio de deporte.

Cambiar algo. Cambiar todo.

Pero me vuelvo a desviar.

A los que pusieron waffles, recibiran waffles. Tengan fe. Confíen en Wilmots. Vean la unión y la valentía de un grupo que cuenta con solo dos ex mundialistas: Van Buyten en la cancha y Wilmots en el banco.

12 años sin competir en torneos internacionales. Los nervios están. Las expectativas también.

Pero Bélgica ganó, y no es sorpresa.

Más que nunca, Waffles para Todos.

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Por Fede Praml (@Tuitbol)

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