Uno más

El Lobby no es lo mio. Al menos no en este momento.

Francisco, perteneciente al “once incial” de seguidores de WPT, muestra un talento innato para esta arte. Conecta líneas con la velocidad y la audacia de Fellaini. De este modo fuimos invitados a ver el partido contra Rusia en un típico bar de San Telmo. Lo atípico es que al entrar pasamos de Buenos Aires a Bruselas.

bar
En compañía de Francisco y Mark, un escocés hincha de San Lorenzo que vive en Boedo, primereamos la mesa que se ubicaba justo adelante de la pantalla del match. La misma estaba vacía y con aire de “reservado”, pero, claro, eso habrán pensado los europeos allí presentes, cuando vieron la soledad de la misma. Matanga. Y marchame dos Stellas con papas. Lo primero que vale la pena destacar de esta experiencia es el juicio sobre el aspecto belga. Los belgas deben ser las personas más clásicamente europeas en el mundo. Sin lugar a dudas. Uno puede confundir a un portugués con un latino, un Español con un africano o un Inglés con un Kazajo, más nunca se va a confundir a un belga.

En respuesta a la reiterada pregunta que recibí mientras transmití el partido: no se en que hablaban. De todo menos francés. Por momentos creí escuchar Holandés. Al finalizar el primer tiempo salí a descargar mi ansiedad y recargar mis niveles de alquitrán y atrás mio vinieron varios belgicanos. Me empezaron a hablar en un idioma incoherente al que voy a definir “flamenco”, y ante mis señas de “No, No, no soy belga” me miraron incrédulos y me preguntaron si era Irlandés. Claramente los belgas estaban estupefactos al verse en una situación de confusión de nacionalidad.

Fue en ese momento que vi a una señora mayor, muy canosa, que era tratada con cierta reverencia por los demás. Imaginé que era alguien de importancia y con la intriga del periodista amateur la encaré en español, inglés y francés, pero no en ese orden. Por suerte, me entendió el español. Rein, la persona en cuestión, es la Representante VIW de Flandes en el Mundo, es decir, representa a la comunidad Flamenca. Bélgica, para los poco amigos de la geografía, se compone de tres regiones: Flandes, Valonia y Bruselas. Los flamencos componen casí el 60% de la población belga. Flandes y Valonia se llevan a las trompadas. Y Rein no tardó en decirmelo.

Al presentarme, le explique que llevo dos años cubriendo a la selección belga para el público argentino. Que confiamos en la sustentabilidad del proyecto y en los futuros éxitos, quizás más fehacientes en Francia 2016 o Rusia 2018. Ella me contó que todos están al tanto del plan “Grandir et Gagner”, de las nuevas implementaciones en el fútbol juvenil, del apoyo financiero a los futbolistas menores provenientes de familias extranjeras. Yo le dije que lo que más me atrae del plan es la intención de sacar a un país adelante y unirlo a través de la selección nacional. Ella está de acuerdo. “Esos chicos, los Diablos Rojos, por primera vez cuentan con el apoyo de todo el país. Nos representan a todos, cosa que la bandera nunca hizo”.

Y con esa frase apagamos nuestros cigarrillos, adentro empezaba el segundo tiempo y el empate no contentaba a nadie. Pero, puedo asegurarlo, tampoco impacientó a nadie.

Pueden atribuirlo a la pasividad de la parcialidad. Como decíamos en nuestra mesa, “hay que llevarlos de la mano”. Cada tanto Mark ensayaba un “Holanda decime que se siente”, yo aplaudía y le gritaba a Mertens “dale Dries, para afuera no”. Fran arengaba y analizaba si la próxima daba caer con bengalas o no. Los belgas, tranquilos y bebedores belgas, se sobresaltaban con cada cruce de Kompany. Gritaban con cada opción de contra y emitían extraños sonidos cuando las ocasiones no se cristalizaban. No era “Uuuuuh” no era “Aaaaah”. Había caracteres imposibles de reproducir mezclados con gritos frecuentes en una belieber, pero tampoco puedo asegurar que salieran de bocas femeninas.

Un detalle me hizo tener un presagio. Entrando en los últimos 10 minutos de un, digamosló, soporífero segundo tiempo, la mesa de atrás empezó a cantar. No se que cantaban, pero incluía “Belgium” cada cuatro palabras. Y golpeaban la mesa. Y contagiaron a los demás.  Escasos minutos después Hazard hizo un Messi y estallamos todos juntos. Acá si que no hay distancia cultural. No hubo un “Yes”, el grito fue de Gol y a garganta pelada.

La alegría parecía infinita. Sobretodo cuando los belgas volvían a gritar gol en cada repetición. Esta gente sabía lo que estaba viendo. “La paciencia belga” ya es un término en nuestras transmisiones. No es una excusa, no es oficialismo. Bélgica juega los partidos sabiendo que los goles se pueden hacer en cualquier minuto. Eso, como ya remarcamos en el pasado, también es su talón de Aquiles cuando consigue una ventaja tempranera.

Yendo al desarrollo natural del juego y lo apreciado en 90 minutos, hay conclusiones que ninguna cantidad de Stella Artois es capáz de borrar de mi cabeza. Bélgica no jugó mal. Jugó aburrido. Mal juega Argentina, que no es protagonista con un once Top, no genera situaciones de juego colectivo y gana los partidos por un momento brillante del jugador más fascinante de las últimas dos décadas. Bélgica juega lento, marca un ritmo de altibajos pero es la gota que erosiona la piedra. No puede, todavía, desplegar el fútbol al que nos acostumbró en la faceta ofensiva. Si logra, hasta acá, ganar con un par de contras. Y en un Mundial, con perdón a quien le ofenda, los partidos hay que ganarlos.

Lo destacó Wilmots y lo destacamos nosotros, en un Mundial vale más ser efectivo que entretenido. ¿Fue un bodrio Bélgica-Rusia? Si, probablemente. Más aún viendo el segundo tiempo. ¿Bélgica está en octavos? Si, y le sobró un partido. Objetivo cumplido, muchachos. El plan que inició en 2012 ya consiguió tachar los primeros dos items: clasificar a un Mundial, entrar a octavos.

Claro que queremos más. Y no estamos solos. Nosotros, como espectadores, queremos ver aunque sea 90 minutos de la Bélgica de transiciones en alta velocidad. Queremos ver un sostenido cerrojo posesivo. Queremos a Vertonghen tirando 5 centros en 3 minutos. Queremos los goles de Lukaku, el delantero sin espacios. Queremos que Hazard deje de recostarse tanto en la izquierda y flote más cerca del área, donde todo lo que hace es daño. Le pedimos más a De Bruyne, que en cinco pases ya le mostró a los incautos que Mourinho la pifió feo con el. Queremos a Defour haciendo locuras. Y a los Kompany, Van Buyten y el resto de los jugadores de metro 90 haciendo valer cada pelota parada.

Hay mucho lugar para mejoras.

Pero somos agradecidos. Por la eficacia en el arco contrario. Por la seguridad de Courtois. Por la presencia del Kapy. Por la mano de Wilmots y la precocidad de Origi. Por haber ganado 2/2 sin mostrar el mejor fútbol, ser líder absoluto en su grupo y esperar rival.

Porque WPT quiere a Bélgica en cuartos de final. Espera eso de la selección. También sabe que en 60 mundos paralelos, solo en este se va a dar que Bélgica enfrente a Argentina. Era obvio. Y es casí, casí místico. Dos años hablando del rival, que no es Alemania, que puede dejar a Argentina afuera de un Mundial.

Mamita.

El jueves a las 17 hs nos espera Corea. Esperamos ganar y gustar. Y nos mordemos las uñas por como se defina el grupo G. No va a ser nuestro caso, pero, quién pueda, vaya a Via Via en San Telmo. Si van a hinchar por Bélgica se van a sentir en casa.

Gracias por el aguante, a los argentinos, los hermanos sudamericanos y a los belgas, que no terminan de entender que en este país también se hable de los pibes de Wilmots.

wpt
Por Fede Praml.

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